13.- LA PRIMERA NOCHE

Un mes después llega la decimotercera entrega de La Tapia. Tal vez por ser el número maldito se ha retrasado tanto, pero la historia continúa.

La chavalería se agolpaba junto a la ventana de pedidos para llevar en el Burger King del Paseo Virgen del Puerto esquina con la Calle Segovia. Carlos se acercó caminando con paso rápido. A pesar del fresco de la noche, sudaba.

María esperaba ya en la acera, moviendo rítmicamente sus piernas expuestas a la brisa nocturna. Se había echado sobre los hombros desnudos una fina chaqueta para protegerse de la bajada de temperatura. Carlos admiró su figura mientras se acercaba a ella. Por primera vez la veía arreglada. Su corta falda y su acusado escote le provocaron un nuevo revuelo en su tripa.  Tomó aire.

María sonrió abiertamente al ver que se acercaba y corrió a recibirle. Carlos dudaba si besarla en la boca o en la cara, pero María no parecía tener ninguna duda. Le dio un beso húmedo en la mejilla. Carlos no supo cómo interpretar aquello. Un beso en los labios indicaba una cosa, dos besos en las mejillas, lo contrario, pero ¿un solo beso y además húmedo? Aquella chica siempre conseguía romperle sus esquemas, por eso necesitaba ser él quien iniciara la conversación, sentir que tomaba la iniciativa.

-       ¿Cómo es que ya estás aquí?- le preguntó- Yo vengo de aquí cerca y he tardado más.

-       Hay una cosa que se llama “taxi”- respondió ella burlona.

-       Ya- replicó él, también burlón-. ¿Y lo has pagado o has salido corriendo?

María sonrió y le cogió una mano.

-       Qué bien que vuelvo a verte. ¿Dónde vamos?

-       Depende de lo que te apetezca hacer.

-       Tomar una copa, ¿no? Te invito.

Al ver la mirada incrédula de Carlos, María sintió la necesidad de añadir algo más.

-       Esta vez pienso pagar, tranquilo.

-       ¿Seguro? No tengo ganas de acabar la noche corriendo.

-       Yo creía que te gustaba correr.

-       No con el estómago lleno. Venga, si vas a pagar ahí arriba hay un pafeto que pone buena música.

Carlos caminó hacia la calle Segovia para subir por ella, pero María agarró el brazo su brazo y señaló una larga hilera de jóvenes que esperaban pacientemente a sus espaldas.

-       ¿Para qué es esa cola?

-       Es para entrar en La Riviera. Creo que todas las semanas hacen una noche de Ibiza o una parida así. La gente lo flipa.

-       ¡La noche de Ibiza! No nos la podemos perder.

-       Paso de hacer cola, tía.

-       ¿Quién ha dicho que la vamos a hacer? Anda, ven conmigo y aprende.

María se dirigió con seguridad al principio de la larga cola y se acercó a una pareja joven que ocupaba el cuarto o quinto lugar.

-       ¿Me escucháis un momentito?

Antes de que cualquiera de los dos pudiera decir nada, María sacó de su bolsillo un billete de cincuenta euros.

-       Si hacéis como que nos estabais esperando y nos dejáis entrar con vosotros, os doy esto.

Los chicos miraron el billete y después se miraron entre ellos.

-       Primero danos el billete- dijo el chico.

María no tuvo ningún reparo en hacerlo. A los tres minutos, Carlos y ella estaban ya dentro de la discoteca.

-       Alucino contigo, tía.

María sonrió como respuesta y tiró de Carlos hacia la barra cercana a la pista de baile. Pronto los dos estaban moviéndose al ritmo que marcaba el Dj con una copa en la mano. María se acercó para comentar algo al oído a Carlos.

-       ¿Te has fijado? Casi nadie lleva una copa.

El aliento de la chica en su oreja, la cercanía de su rostro con el suyo, el olor a champú de su pelo… demasiadas sensaciones para un solo momento. Carlos agarró a María del cuello con su mano libre y la apretó contra sí. La besó. María no se resistió, le devolvió el beso.

Durante unos segundos, Carlos creyó estar aislado del mundo, se vio encerrado en una burbuja en la que María y él podían seguir besándose por toda la eternidad. La burbuja explotó a los pocos segundos, cuando María dejó de besarle y se apartó. Una riada de lágrimas surcaba su rostro. María estaba llorando. Carlos no entendía nada.

-       ¿Qué te pasa? – le gritó sobre la música.

-       Perdona, perdona- se justificaba María-. No es nada, de verdad…

Su voz, incluso entre el retumbar de los bajos del sistema de sonido, sonaba entrecortada. María no era capaz de continuar.

-       Lo siento… no puedo contarte… no puedo seguir aquí… Te llamo otro día, de verdad.

Carlos no entendía nada. María intentaba contener sus lágrimas, pero no lo conseguía. Se acercó a él y le dio un beso corto en los labios.

-       Eres un cielo.

Y se fue hacia la salida dejando a Carlos en medio de la pista de baile.

PRÓXIMA ENTREGA: Desde luego, esta María es toda una caja de sorpresas.  ¿Cómo queréis que reaccione Carlos? ¿Que se enfade? ¿Que se preocupe? ¿Que la dé por loca y pase definitivamente de ella? ¿Y ella? ¿Qué historia creéis que puede haber tras su llanto? Opinad, sugerid, esta historia también es vuestra.

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